lunes, 27 de abril de 2009

Sometimiento de Voluntades Estatales: Perspectiva de las limitaciones propias de la Unión Europea





A pesar de los diversos y complejos procesos de integración en los que la Unión Europea ha estado inmersa, los intentos por consolidar dicha integración no han penetrado de manera contundente los múltiples escenarios a los cuales un proceso de tal naturaleza debe apuntar. Temas de gran trascendencia como la alta política y las cuestiones de seguridad y defensa nacional, fundamentales para reafirmar el objetivo de la integración, no han logrado su pleno desarrollo y de igual forma no han contado con el consenso suficiente para determinar una unificación de criterios reales que apunten hacia el propósito de este organismo supranacional. Así pues, los límites existentes ubicados en el posicionamiento permanente de los Estados y de sus políticas internas por encima de aquellos preceptos planteados por la Unión Europea, hacen prever que la integración, en el sentido estricto del término, se podría ver truncada por cuanto existen, dentro del contexto europeo, una variedad considerable de intereses contrastantes entre si, éstos principalmente hallados en cuestiones en donde los Estados mantienen su autonomía decisoria y privilegian su criterio por encima del aquel representado en el seno de la Unión.
Es menester recordar que han existido avances significativos en cuanto al manejo que se le debe dar a la política monetaria, asuntos de comercio, entre otros logros de tal competencia, sin embargo, parece que la condición ‘’Euro-escéptica’’ de algunos Estados ha debilitado la idea integradora que se ha pretendido desarrollar en el continente. Basándose en el panorama anteriormente expuesto, cabria preguntarse ¿Hasta qué punto la Unión Europea podría consolidar su proceso de integración teniendo en cuenta la posibilidad y la capacidad de los Estados de hacer prevalecer su voluntad y de esta manera llegar a frenar dicho objetivo? ¿Es realmente probable que, en un futuro, exista un ente supranacional que vincule eficazmente las voluntades de todas sus partes? Brindarle respuesta a estas preguntas obliga entonces a afirmar que, dado el panorama que se vislumbra y las dificultades que se han hallado en ciertas etapas de la integración, no es posible asegurar que la Unión Europa encuentre plasmado su objetivo como una realidad posible en el mediano o largo plazo. La existencia de Estados, que encuentran en una Unión económica y monetaria[1] una necesidad para su proceso integrador, no encuentran dicha necesidad en otros estadios. Una posible convergencia de criterios en temas que han sido históricamente tratados por los Estados europeos resulta bastante improbable partiendo del hecho de que, como se verá posteriormente, la institucionalidad a niveles de alta política[2] no reviste de un carácter vinculante para quienes forman parte de la Unión, lo cual supone que los Estados seguirán privilegiando sus propias atribuciones por encima del afán integrador de una entidad supranacional.
Sin duda, la integración europea plantea un gran reto. Si bien es cierto que dicho proceso en temas económicos ha logrado mantenerse como uno de los pilares que ostenta mayor poder integrador, los avances en este aspecto aún no se han visto reflejados en temas que condicionan, al final del proceso, los objetivos planteados por la Unión Europea. Para referirse al proceso que se ha venido gestando desde la firma del Tratado de Roma (1957), uno de los tratados fundadores de la Unión, se hace preciso detallar que se puede entender por integración con el fin de clarificar el concepto y someterlo a comparación con respecto a la postura que se pretende argumentar, aquella que justifica la idea de una integración truncada y por ende difícilmente de llevarse a cabo.
La integración puede entenderse como ‘’un proceso en donde una organización internacional adquiere la responsabilidad de tomar e incrementar el número de decisiones en áreas que previamente eran reservadas al Estado’’[3]. Con respecto a este enunciado cabria explicar varias cosas. En primer lugar, si se acude a la anterior definición, se puede afirmar que la Unión Europea busca adjudicarse el papel de organización internacional capaz de influir en las agendas de cada una de sus partes constitutivas, es decir, de los Estados que forman parte de ella. Esto con el fin de asumir una posición más preponderante en asuntos locales, regionales y nacionales y reorientar los objetivos de cada Estado en torno a finalidades que correspondan al ideal pretendido por la entidad supranacional. Sin embargo, la situación de la Unión Europea logra ser apremiante en la medida en la que la consolidación de la organización internacional que define Paul Taylor no sometería la funcionalidad del Estado como garante de su propia soberanía y de capacidad de decisión en asuntos exclusivos a su naturaleza. Al proceso de integración que experimenta la Unión Europa no se le puede desconocer la permeabilidad que han logrado adquirir temas tales como el económico, sin embargo, las decisiones que los Estados se siguen reservando dibuja una barrera, la cual es difícil de sobrepasar en tanto que su estructura política no se ve fragmentada a raíz de la existencia del organismo supranacional.
De una u otra forma, el proceso integrador de la Unión Europea se ha reforzado con el Tratado de Maastrich de 1992, el cual prevé, entre algunos de sus objetivos, la instauración de una unión económica y monetaria, así como la implementación de una política de seguridad común y social de la población. Este tratado buscó organizar la Unión Europea por medio de tres pilares. Primero, la CEE, de la que se hizo mención, a la cual se le es adjudicada el carácter exclusivo de la UE y cuyas tres fases son, a saber, la unión aduanera, la unión económica, y la unión política; la PESC, como segundo pilar, abarca las competencias nacionales de los Estados; y por último la JAI (Justicia y Asuntos del Interior) con competencias compartidas entre la comisión y los Estados, lo que supone una estrecha cooperación en los ámbitos jurídicos con el fin de garantizar la seguridad de la población. Se puede observar como dentro del primer pilar aún no se ha alcanzado una unión política real, y en los demás temas que respectan a la CEE se ha llevado a cabo un proceso complejo en el que algunos Estados han manifestado su inconformidad. La Política Exterior y de Seguridad Común (PESC), por su parte, no logra consolidarse. Esta Institución no ha tenido un desarrollo progresivo equiparable con otras en donde se evidencia un consenso por parte de los Estados miembros de la Unión. José Antonio Nieto afirma que “los mecanismos de cooperación intergubernamental establecidos para la nueva PESC no tienen el carácter de política común que tradicionalmente ha mantenido la política comercial. Por ello, podemos considerar que esta ultima sigue siendo el elemento vertebrador de las relaciones exteriores de la Unión”[4]. En un primer momento, lo económico trató de manifestar los valores integracionistas que pretende imponer la Unión Europea, en la medida que la mayoría de Estados manifestaron su voluntad de acogerse a gran parte de los proyectos que tenia como fin ampliar los ámbitos de integración. En contraste con lo anterior, es necesario aclarar que el tema político no sufre este tipo de fenómeno, ya que las competencias nacionales que ostentan los Estados van en detrimento de los logros que busca imponer la institucionalidad europea en los campos de decisión más trascendentales. Esto supone una ruptura entre los ideales que han pretendido los distintos tratados que han contribuido a la construcción de la Unión europea, y las pretensiones que han manifestado los Estados miembros dentro del marco de dichos tratados.
Ante la ineficiencia por parte del Tratado de Maastrich de abordar con éxito medidas que busquen crear una unión política consensuada entre los Estados, se decidió revisar éste cada cuatro años, de ahí, el surgimiento del Tratado de Amsterdam en 1996, y posteriormente el Tratado de Niza en el 2000. Con el Tratado de Maastrich se contempla una serie de temas bajo el ideal de integración política tales como una mayor participación del Parlamento Europeo en ciertos actos legislativos, mayor cohesión y democracia, entres otros; lo anterior se debe a que dicho Tratado le ha adjudicado nuevas competencias de carácter político a la Comunidad Europea. Santiago Ripol afirma que ‘’El 27 de octubre de 1970, los estados miembros aprobaron el informe Davignon sobre la cooperación política[5], según el cual debían ser objetivos de ésta: conseguir una mejor comprensión mutua de los grandes problemas internacionales mediante intercambios regulares de información y mediante consultas; revigorizar la solidaridad entre los Estados miembros fomentando la armonización de sus percepciones, la coordinación de sus posturas respectivas, y, en la medida de lo posible, la realización de acciones comunes”. Lo anterior se trato de promover por medio de la Cooperación Política Europea (CPE), pero se ha podido evidenciar como con la situación de la política internacional, que sustituye a la guerra fría, se han expuesto las limitaciones que posee la CPE acerca de su carácter intergubernamental, voluntario y por ende limitado en cuanto a su obligatoriedad. Los Estados aún poseen la capacidad de decidir si quieren o no ceder parte de su soberanía con el objetivo de consolidar una mayor unión política, lo que dificulta el proceso integrador ante la eventualidad de próximas adhesiones por parte de Estados que quieren pertenecer a este conglomerado de actores estatales.
Un argumento que reafirma la postura autónoma de los Estados, superponiéndolos y desvinculándonos de una identidad integracionista, logra evidenciarse de manera explícita en la libertad de la que gozan éstos en cuanto a la aprobación o censura que manifiestan con respecto a una política que pretenda ser implementada dentro del andamiaje de la Unión Europea. La figura de la cláusula de excepción (opting out) parece ir en contravía sobre lo que se conoce dentro de la teoría funcionalista como el efecto spill over. [6]Esta atribución manifiesta sobre aquello que poseen los Estados, de igual forma, hace posible que cada uno de estos pueda someter a su propio juicio la incorporación o no de una política comunitarista. Lo que se busca en principio es evitar que la decisión de un determinado Estado no frene una iniciativa en donde la gran mayoría de Estados puedan estar de acuerdo; lo que en realidad constituye un problema es la falta de compromiso que puede generar el hecho de no formar parte de una política específica que busca desarrollar un tema en particular.
Un fenómeno integracionista, si en realidad se concretiza, debe describir ‘’un proceso en el cual los actores políticos en variados y distintos asuntos nacionales son persuadidos para cambiar sus lealtades, expectativas y actividades políticas hacia un nuevo y mas amplio marco.[7]Se denota que, en ejemplos tan válidos como la negativa del Reino Unido de no adherirse al espacio Shengen[8] el opting out bloquea el auge de tales iniciativas, promotoras de la cohesión de la que debe alimentarse el proceso de integración. Una sola decisión estatal de no seguir favorablemente las iniciativas planteadas dentro del marco de la Unión Europea, puede provocar un desestímulo tal que puede incurrir en el escepticismo mayor de los Estados por cooperar y posteriormente entablar consensos que apunten a una integración real y sostenida. Puede decirse que, la unidad política estatal sigue fortaleciéndose y que su meta dista mucho de construir una verdadera integración política, pues el privilegio de sus propios intereses somete el ideal holista de conformar un ente capaz de unificar criterios.
De otro lado, una demarcación de las fronteras por parte de la Unión Europea puede generar una serie de problemáticas relacionadas con las minorías y la migración, en tanto que ciertos Estados no están dispuestos a poner en peligro su estabilidad interna ante una posible entrada de personas que estén dispuestas a trabajar con la misma intensidad, pero con menor remuneración. .Esther Barbé afirma que ‘’tras la ampliación, la extensión de las estrictas reglas de Schengen en materia de fronteras amenaza con interrumpir ese movimiento de personas y de bienes. También amenaza con dificultar la aproximación política que se esta llevando a cabo entre los países de Europa central, que se están preparando para entrar en la Unión, y los países postsoviéticos que están excluidos del proceso[9].

Todo lo expuesto en el presente escrito conlleva a concluir que la integración llegaría a moldearse solo en aquellos rubros en donde la soberanía bien puede ser cedida mas no modificada en tanto que son los Estados la que siguen manteniéndola pues no se vislumbra de manera tajante la existencia de un gobierno que se posicione por encima de éstos y condicione una decisión estatal ante una de orden supranacional; el difuso proceso llevado a cabo dentro del pilar que logra configurar la PESC justifica lo dicho. Por último, es preciso abordar que la existencia de un de organismo supranacional de gran alcance en temas de seguridad, política exterior y por supuesto de política interna de cada Estado Europeo se observa muy difícil de alcanzar; una hipotética convergencia en cuanto a métodos, procesos de integración y objetivos a seguir cada vez apunta hacia una limitación mas notoria del ideal de los padres fundadores. La ampliación actual de la Unión Europea, en vez de apelar a una conducta integradora, va a incluir mayores actores en el juego decisorio y por ende una cantidad aún mayor de divergencias.
[1] La Unión Europea, desde la creación de la CEE (Comunidad Económica Europea), ha logrado desarrollar gradualmente su integración económica. Mediante un proceso que consta de 5 etapas, (Zona de preferencias arancelarias, Zona de libre comercio, Unión Aduanera, Mercado Común y Unión económica y monetaria), la consolidación de los objetivos planteados en este ámbito ha sido observado como un gran avance que permite suponer que en lo económico la Unión Europea si ha logrado generar consensos en la mayoría de los casos. Nótese igualmente que el Reino Unido mantiene su moneda tradicional y que es considerado como uno de los puntos de mayor inflexión en el tema.
[2] Entiéndase Alta Política como asuntos que conciernen a la política interna de los Estados, su andamiaje y sistema político, al igual que la política exterior de cada uno y el tratamiento independiente de éstos con respecto a la seguridad y la defensa de sus fronteras.
[3] Ver. Taylor, Paul. ‘’The limits of European integration’ P.26
[4] Ver. Nieto, José Antonio. “Fundamentos y políticas de la Unión europea” Pág. 136
[5] Ver. Ripol, Santiago. “La Unión Europea en transformación” Pág. 22
[6] Este modelo teórico busca demostrar que existe la posibilidad concreta de llegar hacia una integración real en la que, a medida que se vayan integrando diversos temas como el económico, el jurídico, el monetario, entre otros, se va llegando paulatinamente hacia el escenario de lo político, el cual sería el gestor de un Estado Federal con amplias competencias en todas las materias en las que antes el Estado se adjudicaba como ejecutor. En una suerte de tecnificación de los diversos temas de la agenda nacional de un país, el objetivo integracionista se llevaría a cabo de esa manera.
[7] Ver. Taylor, Paul. ‘’The limits of European integration’ P. 6
[8] Ámbito en donde se hacen posible, entre otros aspectos, la libre circulación de personas dentro de los Estados que lo aprueban mediante un visado único que permite simplificar y facilitar el acceso a los territorios de esta jurisdicción.
[9] Ver. Barbé, Esther. Identidad y Frontera en Europa: Los Veinticinco y sus Vecinos. Archivo PDF. P.21

martes, 16 de septiembre de 2008

Estados Unidos y América Latina: Apelación a la ambivalencia.



Alrededor de las múltiples dinámicas mundiales en donde el continente Americano ha sido participe, se han ubicado de igual forma diversos e interesantes acontecimientos que han moldeado a lo largo de los últimos años una singular configuración de las relaciones internacionales dentro del marco comprendido por los Estados pertenecientes a Latinoamérica y sus lazos, amistosos en algunas circunstancias y conflictivos en otros, con los Estados Unidos.
Es de amplio conocimiento que los vínculos económicos, diplomáticos, políticos e ideológicos han establecido una caracterización especialmente fuerte, interdependiente y por demás indispensable tanto para Estados Unidos como para los países latinos, lo cual les impide alejarse u omitir los temas que a ambos les competen. Es por esto, que el ambiente vinculante que a ambos sectores les corresponde no puede quedar al margen de una investigación efectiva, cuidadosa y cronológica de los momentos que enmarcan las relaciones entre todos los países representados.

El presente escrito busca mostrar los diferentes escenarios en donde se han ubicado las dinámicas mas dicientes de lo que se podría llamar ‘’una relación inobjetablemente duradera y necesaria[1]’’, la cual, como se verá a continuación, ilustra ciertos rasgos de pragmatismo y paralelamente expone figuras exclusivas de otro concepto que se puede referenciar: el dogmatismo. Para conceder una ilustración pertinente de estos términos se tomó como base los documentos de Jorge Domínguez: Entre la ideología y el pragmatismo y la entrevista que al diario colombiano El Espectador le concedió el Intelectual más crítico de la política exterior Estadounidense del último tiempo, Noam Chomsky. Los aportes de estos dos textos van a permitir entonces una aproximación teórica a casos concretos en donde, como veremos, confluyen temas de seguridad, de economía y en general, asuntos de orden político-ideológico.


A la luz de lo reseñado anteriormente, sería preciso comenzar por dilucidar brevemente los puntos más importantes de cada lectura y posterior a ello, sus ideas complementarias que ayuden a entender claramente los argumentos de ambos textos.

Comenzando por el artículo de Jorge Domínguez, es preciso destacar los aportes tanto teóricos como prácticos que se encuentran en su artículo. El autor señala, en primera medida, que las relaciones entre los Estados Unidos y los países Latinos han sido caracterizadas por rasgos combinados de pragmatismo, dogmatismo e ideología que, según él, son el producto de varios desencuentros. De la misma manera, le confiere a las relaciones internacionales entre ambos sectores un carácter complejo, producto de varios hechos que moldean la política exterior de los Estados involucrados y que explican la permanente injerencia de los ya mencionados conceptos, que serán en últimas la fuente central de su argumentación.

El pragmatismo lo ubica como una ‘’política de Estado que identifica propósitos claros y metas bien definidas, que se construye con medios e instrumentos que buscan deliberadamente lograr esos objetivos, con la conciencia de que se persiguen beneficios verificables así como costos posibles en la búsqueda de esos beneficios.[2]’. A esta definición le añade la clara postura de un Estado de no aferrarse a circunstancias que eran válidas en tiempos pasados y que han perdido utilidad en el presente, lo cuál hace posible que el pragmatismo se preocupe por dinamizar las decisiones, adaptándolas adecuadamente a determinada situación que se pueda presentar y buscar siempre la solución mas congruente con la coyuntura que se esté viviendo. Es preciso tener en cuenta, como se verá mas adelante, que las posiciones rígidas o dogmáticas pueden resultar peligrosas y contraproducentes para algún fin específico al que se quiera llegar; lo que propende el pragmatismo es tener en cuenta el entorno en el cual se manejan las relaciones internacionales, determinando los beneficios que se pueden lograr al ser mas flexible y al evitar cerrar el campo decisorio.

Entre tanto, explicando la otra cara de la moneda, el autor hace referencia a quizás una postura que, a juicio de quien elabora el presente ensayo, puede llevar a un Estado a encaminar su política exterior hacia oscuros y sombríos destinos. Sin embargo, por perjudicial que sea una acción dogmática, es muy complicado prescindir de la misma, dado que su vocación de permanencia la ha mantenido como una fase previa, casi inamovible e inherente a cualquier decisión que se tome en el alto gobierno. Su presencia, aunque indeseable para muchos, se conserva como ingrediente de quienes tienen en sus manos la política exterior de un Estado.[3]


Para Jorge Domínguez, el dogmatismo ‘’se refiere a una idea, a un esquema mental desarrollado en algún momento que pudo, quizás (aunque no necesariamente), resultar entonces pertinente, pero que se desconecta de la realidad presente, impide el aprendizaje de nuevas ideas, la recopilación de nueva información y el cambio o la modificación de políticas oficiales y, por tanto, imposibilita en última instancia enfrentar una realidad novedosa.[4] Así pues, junto con esta definición que otorga el autor, es preciso referirse al dogmatismo no solamente como una cierta especie de vicio tradicional en donde recaen muchos Estados para demostrar carácter, sino que también su naturaleza conlleva a entrar en un particular ‘’anacronismo’’, una falta de evolución hacia las nuevas dinámicas en donde las relaciones exteriores se ven fuertemente afectadas y, que obligan sin excepción a todos los Estados a cerrar capítulos indeseables en su historia y a reconfigurar su pensamiento mediante novedosas maneras de enfrentar vicisitudes cada vez mas complejas.

Para terminar con la reconstrucción de argumentos del texto de Domínguez, no se debe olvidar la concepción del último término que el autor utilizó para estructurar sus argumentos. La ideología como último elemento analizado lo trae a colación definiéndolo, en primera instancia, como un concepto que no es sinónimo de dogmatismo. A partir de este punto sería oportuno discernir un poco o tal vez interpretar adecuadamente lo que el autor pretende explicar. A pesar de que los conceptos de ideología y de dogmatismo no sean sinónimos, éstos tampoco serían excluyentes, mas bien se podría decir que se les confiere atribuciones de complementariedad entre sí. Para esto, habría entonces que evocar nuevamente al texto y citar específicamente la definición de Domínguez: ‘’La ideología es una forma de acumular, catalogar, sopesar y valorar la información que recopilamos. Concebida de esa manera, metáforas sutiles para reflexionar sobre la ideología pueden ser espejuelos o anteojos para saber como percibir al mundo, o una balanza que nos permita calcular los datos que recibimos. La ideología así entendida constituye un instrumento útil, no enfrentado con el pragmatismo, para comprender el mundo en que vivimos, la importancia del pasado y su legado hasta el presente, y los valores que nos importan como seres humanos.’’[5]
Claramente se observa que el origen mismo de la ideología se fundamenta principalmente del pasado, cuestión que no es mala per. se, sino que le brinda sustento a costumbres arraigadas que suelen ser tan permanentes en algunos casos que su forma de fortalecerse es mediante ideas firmes de hacer algo bajo parámetros poco flexibles y muy dogmáticos.

Es así como la primera lectura reseñada ordena sus ideas y brinda una clara diferenciación entre tres términos que en las relaciones internacionales contemporáneas se han mantenido, y se verá más adelante como en ejemplos concretos de relaciones país a país se encuentran estos conceptos de manera clara. Ahora bien, la segunda lectura, aquella entrevista que Noam Chomsky le concediera al diario El Espectador nos permite entrar mas hacia una aplicación concreta de la teoría o de la terminología ya explicada. La utilidad de la entrevista obedece a que ciertas opiniones que el entrevistado ofrece sirven como complemento de lo relatado en líneas anteriores ya que plasman un caso concreto: la política exterior norteamericana y los hechos resaltantes dentro de Latinoamérica. Sumado a esto, se pueden dar otros ejemplos que posteriores al señalamiento de las opiniones de Chomsky, vendrían como aditamentos pertinentes para esclarecer más aún la temática planteada.
Chomsky, dentro de su entrevista enumera una serie de sucesos de gran difusión alrededor del mundo en donde precisa unos serios señalamientos hacia la política que su país está manejando desde que la administración Bush está en el poder. Sin duda, el caso más resaltante es el relacionado con Irak y la guerra librada en dicho país que ha posicionado al Primer Mandatario Estadounidense como uno de los peores Presidentes de la Historia de ese país. Chomsky, atreviéndose a afirmar lo que muchas otras personas aseveran, sigue recapitulando otros sucesos importantes dentro del esquema político interno de los Estados Unidos hasta llegar al tema que puede vincular sus declaraciones con lo reseñado en oportunidades anteriores. El profesor Latinoamericano al enfrentarse a la pregunta de cómo observa él la relación entre Estados Unidos y Latinoamérica, Chomsky responde basado en el descontento generalizado entre la población latina y su desaprobación tajante hacía la política exterior que la súper potencia está ejerciendo actualmente. Posterior a ello, hace una salvedad interesante. Para él, Colombia es una excepción a ese descontento generalizado dentro de la región y afirma que la integración Latinoamericana está produciendo cambios drásticos en la conducta de los dirigentes de cada país Latino y que la desbandada de los Estados ya no obedece a conductas adherentes al Hegemón[6], sino que por el contrario se están tomando otra serie de actitudes las cuales buscan emular modelos como la Unión Europea para hacerle frente al poder Estadounidense.

En este sentido, la posición Colombiana resulta distinta dada una serie de circunstancias de orden interno y sujeta también a una tradición que al parecer no ostenta rasgos que determinen un cambio drástico en el corto plazo. Dicha tradición se puede remontar a los años 20, en los cuales y pese al desafortunado suceso de la masacre de las bananeras, las relaciones entre ambos países no se vieron afectadas.[7] Esperando un aislamiento norteamericano hacia el mercado colombiano, lo que se obtuvo fue un resultado distinto, positivo si se quiere y que durante el transcurrir del tiempo ha preservado, paradójicamente, rasgos de dogmatismo y de pragmatismo a la vez. Dogmatismo en cuanto a que Colombia nunca ha abandonado sus vínculos ni comerciales ni políticos con los Estados Unidos. Tal parece que la agenda en política exterior fuera similar si no compartida: ‘’En ella aparecen actualmente las drogas ilícitas como el principal asunto para los dos países. También existen otros temas primordiales en la perspectiva de mediano y largo plazos-los derechos humanos, el comercio y la inversión, la seguridad, la corrupción, el desarrollo sostenible y el medio ambiente-que no son tan conocidos ni debatidos por la opinión pública. ’’[8]. Estas temáticas no son exclusivamente de la última década; las preocupaciones han provenido de tiempos anteriores en donde se habían comenzado a proponer planes que frenaran el desarrollo del narcotráfico, tema que se puso hace mucho tiempo en las más importantes posiciones de los discursos de los gobiernos de cada país. Entonces, podría definirse esto como dogmatismo en tanto que Colombia no ha buscado un aliado más pertinente en este tipo de temas sino Estados Unidos, un permanente amigo en la lucha anti-drogas, en temas de seguridad vinculada con el conflicto interno y el terrorismo, entre otros tópicos. Su permanencia marcada hacia la confianza depositada a Estados Unidos le confiere esta atribución de ser un país dogmático en este caso.

El pragmatismo se ve reflejado más que todo en la ayuda que puede representar el poder Norteamericano en temas vitales como la economía y la lucha contra el terrorismo. Es casi imperativo para Colombia que su política exterior no riñe con la estadounidense pues en términos de macro-económicos la balanza comercial colombiana y su equilibrio dependen de que tan dinámicas y sostenidas se encuentren las relaciones. Es necesaria también en temas de seguridad la intervención de los Estados Unidos dado que la capacidad de afrontar una problemática de tal envergadura, generadora de mayores conflictos y mayores peligros, puede ser contrarrestada mas eficazmente de manera conjunta entre Estados que ven como amenaza latente la incursión cada vez mas acelerada de los grupos al margen de la ley no sólo en esferas domésticas sino también en la escena internacional.

Existe un caso particular en donde se puede ver un resquebrajamiento nunca antes visto en la historia bilateral de estos dos Estados. Tras décadas de estrechas vinculaciones ideológicas, el Gobierno de Washington le perdió total confianza al gobierno colombiano. Los problemas crecientes y recurrentes de narcotráfico en esferas influyentes del gobierno colombiano en épocas del mandato del Ex-presidente Ernesto Samper Pizano, salpicado con el escándalo del proceso 8000, causaron el descontento de la casa blanca y abrieron una grieta sin precedentes en los fuertes lazos de ambos países.[9] ¿Posición dogmática de los Estados Unidos? Bien podría serlo. Su dura postura frente a la corrupción, las drogas como asunto neurálgico a nivel social dentro de la población norteamericana y la confianza perdida después de tanto apoyo permitieron que de manera recalcitrante los Estados Unidos optase por mantener una cierta distancia con respecto a sus pasadas relaciones amistosas con el gobierno de Bogotá.

Chomsky, coincidencialmente, le podría brindar la misma conclusión que le otorgó a su entrevista a este escrito. El profesor Norteamericano somete a discusión de si realmente la política exterior del hoy Presidente Colombiano Álvaro Uribe Vélez es independiente y dueña de autonomía decisoria. Las múltiples facetas que han representado este gobierno y la gran mayoría de quienes lo anteceden convergen, según Chomsky, en una clara atadura al poder hegemónico Estadounidense y dada su respuesta y sus argumentos a lo largo de la entrevista, da a entender que las circunstancias para Colombia van a causar una constancia en este tipo de comportamientos y tal vez impida que el país no exponga con mayor proporcionalidad sus temas en la agenda internacional de mas países, es decir, hacia campos de concertación de gran auge en la actualidad tales como la Unión Europea y Asía por citar algunos ejemplos, sino que se seguirá manejando la agenda a medida que ésta sea manejada por la Casa Blanca, la cual ha sido la gran constante y ha marcado la política exterior colombiana de casi medio siglo, superponiéndola a los dictámenes de la máxima potencia mundial.

Colombia ha sido un país que ha conservado posiciones ambivalentes en su política exterior. Por una parte no escatima esfuerzos para conservar su arraigada tradición de aliado incondicional de los Estados Unidos y de sus decisiones más fundamentales, también entiende que el correcto uso de esta influencia en su política exterior la puede conferir beneficios palpables en el corto, mediano y largo plazo. Teniendo a Estados Unidos de su lado, manteniéndolo al margen de intromisiones políticas dentro del interior del Estado, conservando así el principio de autodeterminación de los pueblos y trabajando en conjunto dentro de un mundo bombardeado por el libre comercio y las dinámicas globalizadoras, Colombia pragmáticamente se mantiene atenta a lo que mejor le brinde el permanente respaldo de los Estados Unidos en los temas mas compartidos y sobresalientes dentro de las agendas de ambos países.




BIBLIOGRAFÍA:

- Las relaciones contemporáneas Estados Unidos- América Latina. Entre la ideología y el pragmatismo. Jorge L. Domínguez. Foreign Affairs.

- Colombia y Estados Unidos: Problemas y perspectivas. Juan Gabriel Tokatlian (Recopilación)

- Colombia: Entre la Inserción y el aislamiento: La política Exterior colombiana en los años noventa. Siglo del Hombre, Editores.

- Entrevista a Noam Chomsky al Diario El Espectador. 28 de Marzo de 2008. http://www.elespectador.com/impreso/cuadernilloa/internacional/articuloimpreso-latinoamerica-esta-fuera-de-control.


[1] El autor del presente escrito le atribuye este tipo de calificativo al conglomerado de relaciones entre los Estados Unidos- Latinoamérica con el fin de sintetizar detalladamente su visión acerca del tema en cuestión. Al mismo tiempo pretende introducir lo que será su argumentación en base a ejemplos pertinentes que vinculan terminologías utilizadas por textos previamente analizados.
[2] Las relaciones contemporáneas Estados Unidos- América Latina. Entre la ideología y el pragmatismo. Jorge L. Domínguez.
[3] Esto puede evocar lo que el teórico clásico de las relaciones internacionales Hans Morgenthau sostiene como nivel de análisis en su teoría del Realismo político: El nivel idiosincrásico, el cual hace alusión a la toma de decisión exclusiva del Estadista. La última decisión puede afectarse dada las posiciones que ese Estadista pueda tener, las ideas que dentro de sí conserva y sus posiciones, porque no, dogmáticas.
[4] Las relaciones contemporáneas Estados Unidos- América Latina. Entre la ideología y el pragmatismo. Jorge L. Domínguez
[5] Las relaciones contemporáneas Estados Unidos- América Latina. Entre la ideología y el pragmatismo. Jorge L. Domínguez
[6] Es de conocimiento general, que la tendencia Latinoamericana está tomando un fuerte viraje hacia posiciones ‘’Respice Similia’’, concepto utilizado en teoría de las relaciones Internacionales para adjudicarle a uno o varios Estados su pretensión de adherirse a otros con igual o similar poder. Organizaciones como el MERCOSUR son ejemplo de ello: Se busca entonces, evitar una tradicional postura de ‘’Respice Polum’’ (seguir al Polo o al Hegemón) para crear mas independencia con respecto a los Estados Unidos. Dicha postura de Respice Polum le es atribuida al ex-Presidente Colombiano Marco Fidel Suarez cuando éste asumía responsabilidades dentro del Ministerio de relaciones exteriores..
[7] Durante los Años veinte, el capital estadounidense aumentó progresivamente su presencia en Colombia. Las inversiones de ese país que en 1913 oscilaban entre dos y cuatro millones de dólares, ascendieron a 30 millones en 1920, a 80 millones en 1926 y a 280 millones en 1929. La participación de las importaciones de Estados Unidos pasó del 27% en 1913 al 48% en 1926, mientras que la de las exportaciones colombianas a Estados Unidos subió del 44% al 86% en ese mismo periodo. Colombia y Estados Unidos: Problemas y perspectivas. Juan Gabriel Tokatlian (Recopilación) pág. 35.
[8] Colombia y Estados Unidos: Problemas y perspectivas. Juan Gabriel Tokatlian (Recopilación) pág. 35.

[9] Las acusaciones sobre la financiación de la campaña ‘’Samper Presidente’’ con dinero del narcotráfico causaron la pérdida total de credibilidad de Washington en Bogotá t narcotizaron la agenda bilateral por completo. Los altos niveles de ilegitimidad internacional de Samper eliminaron totalmente la posibilidad de un acercamiento bilateral Colombia-Estados Unidos para acceder al Nafta, e inclusive pusieron en peligro los beneficios arancelarios derivados del Andean Trade Preferente Act, Atpa, tras la descertificación del país el 1 de marzo de 1996. Tomado de ‘’Colombia: Entre la Inserción y el aislamiento: La política Exterior colombiana en los años noventa. Siglo del Hombre, Editores.

Taiwán y la ONU: La otra cara del problema. Posible aceptación.



El problema de la no aceptación de Taiwán como miembro de la organización internacional mas grande del mundo por parte de la inmensa mayoría de la comunidad mundial encuentra su justificación en varios factores, éstos pasan por lo histórico, lo político, lo económico y lo estrictamente diplomático.

Desde su separación de facto en 1949, Taiwán ha constituido dentro de sus fronteras un gobierno autónomo y libre de cualquier orden Chino-continental. De igual forma y dada su autonomía, ha sido capaz de entablar vínculos diplomáticos con miembros activos de las naciones unidas, ha preservado valores de paz y de convivencia que lo pueden relacionar con dicha organización y le ha demostrado al mundo que su crecimiento económico[1] le permite consolidarse no sólo como un importante mercado mundial sino también como un Estado digno de ser reconocido.
Sin embargo y pese a todos los continuos esfuerzos que se han llevado a cabo, Taiwán sigue sin obtener reconocimiento de los países más importantes del sistema internacional, lo cual presume la creciente dificultad por lograr el objetivo mas perseguido por 23 millones de taiwaneses en el último tiempo. China, su principal opositor, ha optado por evitar mayores adhesiones a la causa taiwanesa y advierte a los Estados miembros que cualquier apoyo directo a Taiwán acabaría con los vínculos existentes con la China popular, lo cual, para cualquier Estado sería realmente perjudicial sobre todo en términos económicos, al ser este tigre asiático uno de los motores del comercio mundial.

Si bien la situación actual convoca las anteriores ideas y expone claramente una posición radical del gobierno chino al no querer admitir a Taiwán como miembro, se podría puntualizar una situación hipotética en donde se acepte a la China insular como miembro activo de la ONU y por ende como un Estado soberano e independiente.
Habría entonces que preguntarse, ¿Qué podría pasar en este caso? ¿Qué procedimiento se llevó a cabo dentro de la organización internacional para que esto se produjera y cuáles serían las consecuencias a corto plazo para el orden mundial? De igual forma, ¿el papel de Colombia hacia donde apuntaría? ¿Hacia una verdadera aprobación o hacia un posterior rechazo de la decisión tomada por la asamblea general?

Para responder las preguntas anteriores es preciso acudir a las siguientes situaciones. En primer término, suponiendo que el referendo en Taiwán que preguntaba a los ciudadanos acerca de la vinculación o no de su país a las naciones unidas hubiera dado un resultado afirmativo, este hecho tendría que formar parte de un estudio cuidadoso de la asamblea general y del consejo de seguridad. El caso hipotético, para ser realmente posible, debe omitir la participación de China en un eventual consenso de los miembros permanentes del consejo, debido a que una participación de la misma bloquearía la entrada de manera inmediata. Para ser miembro de la ONU es claro que la recomendación del consejo de seguridad debe estar presente para que ésta pase a votación de la asamblea general, la cual toma la última decisión.[2]
Basada en sus propósitos, las Naciones Unidas aceptaría a Taiwán al reconocer la libre autodeterminación de este Estado y por ende la autonomía que le es conferida con respecto a la China popular.[3] Sin embargo, los argumentos tanto históricos como políticos de la China Continental serían un vehiculo directo a un eventual conflicto contra los Taiwaneses y a su vez, una justificación para quebrantar lazos económicos con muchos Estados alrededor del mundo que habrían apoyado la política independentista de Taiwán.
En caso de un conflicto, lo cual sería lo mas probable si se tiene en cuenta el argumento Chino referido a la ley de anti-secesión[4], existiría un latente peligro de enfrentamiento no sólo entre China y Taiwán, sino también entre otros actores vinculados con el problema. Tanto en el escenario regional como en el Mundial las cuestiones económicas podrían ser aquellas que sufriesen un cambio más trascendental, dado el grado de interdependencia de las naciones aledañas a China y las conexiones comerciales tan importantes de muchos países del mundo con este Estado.
El caso de Colombia resulta complejo en la medida en la que su postura iría ligada inevitablemente con Estados Unidos[5] que en caso de conflicto dentro de Asia no vacilaría en apoyar la causa Taiwanesa. Pero el aspecto económico, hoy por hoy fortalecido, le ha adjudicado a Colombia un cierto compromiso con el Gobierno popular chino lo cual enfrenta al país a un difícil problema. También es preciso destacar que Colombia apoya la causa de una sola China[6] y que así mantendría sus vínculos y alejaría cualquier posibilidad de tener a la China Popular alejada de su economía.
En conclusión, la neutralidad dentro de un posible enfrentamiento armado lograría mantener al margen al Estado colombiano, preservando sus lazos tradicionales de cooperación con los Estados Unidos y los crecientes esfuerzos diplomáticos por engrandecer la conexión económica con una de las potencias más fuertes del mundo.




Bibliografía:


- Aprecia China apoyo de Colombia sobre cuestión de taiwán. http://www.spanish.xinhuanet.com/spanish/2006-11/22/content_350106.htm

http://www.un.org/spanish/aboutun/organs/ga/54/a54194.pdf

Texto íntegro de la Ley Antisecesión, adoptada durante la III Sesión de la X Asamblea Popular Nacional (APN, parlamento chino) el 14 de marzo de 2005:
[1] En los últimos decenios la República de China en Taiwán ha logrado lo que muchos han descrito como
un “milagro” en relación con el desarrollo económico. En la actualidad, el país ocupa el 19° lugar entre las economías del mundo en cuanto al producto nacional bruto y el 14° lugar en lo que respecta al comercio. Solicitud de inclusión de un tema suplementario en el programa del quincuagésimo cuarto período de sesiones. Asamblea General de las naciones Unidas.


[2] Carta de las Naciones Unidas. Art. 4. Numeral 2
[3] Carta de las Naciones Unidas. Art. 1. Numeral 2

[4] La Asamblea Popular Nacional (APN, parlamento) de China adoptó el 14 en Beijing la Ley Anti secesión con 2.896 votos en favor y ninguno en contra, estableciendo un marco legal para prevenir que Taiwán se separe de China e impulsar la reunificación pacífica del país. Ver.http://spanish.people.com.cn/31621/3243614.html
[5] Este argumento se podría justificar en la medida en la que Colombia tradicionalmente conecta su política exterior con las decisiones que los Estados Unidos determina. La postura del ‘’respice polum’’ permite explicar que Colombia es tendiente a una política de adhesión a la potencia en este caso, en un tema relacionado con conflictos.
[6] Santos reiteró el firme apego de Colombia a la política de "Una China" y dijo que su país trabajará con China, un amigo confiable, para desarrollar relaciones. Ver. Aprecia China apoyo de Colombia sobre cuestión de Taiwán. http://www.spanish.xinhuanet.com/spanish/2006-11/22/content_350106.htm.