
Alrededor de las múltiples dinámicas mundiales en donde el continente Americano ha sido participe, se han ubicado de igual forma diversos e interesantes acontecimientos que han moldeado a lo largo de los últimos años una singular configuración de las relaciones internacionales dentro del marco comprendido por los Estados pertenecientes a Latinoamérica y sus lazos, amistosos en algunas circunstancias y conflictivos en otros, con los Estados Unidos.
Es de amplio conocimiento que los vínculos económicos, diplomáticos, políticos e ideológicos han establecido una caracterización especialmente fuerte, interdependiente y por demás indispensable tanto para Estados Unidos como para los países latinos, lo cual les impide alejarse u omitir los temas que a ambos les competen. Es por esto, que el ambiente vinculante que a ambos sectores les corresponde no puede quedar al margen de una investigación efectiva, cuidadosa y cronológica de los momentos que enmarcan las relaciones entre todos los países representados.
El presente escrito busca mostrar los diferentes escenarios en donde se han ubicado las dinámicas mas dicientes de lo que se podría llamar ‘’una relación inobjetablemente duradera y necesaria[1]’’, la cual, como se verá a continuación, ilustra ciertos rasgos de pragmatismo y paralelamente expone figuras exclusivas de otro concepto que se puede referenciar: el dogmatismo. Para conceder una ilustración pertinente de estos términos se tomó como base los documentos de Jorge Domínguez: Entre la ideología y el pragmatismo y la entrevista que al diario colombiano El Espectador le concedió el Intelectual más crítico de la política exterior Estadounidense del último tiempo, Noam Chomsky. Los aportes de estos dos textos van a permitir entonces una aproximación teórica a casos concretos en donde, como veremos, confluyen temas de seguridad, de economía y en general, asuntos de orden político-ideológico.
A la luz de lo reseñado anteriormente, sería preciso comenzar por dilucidar brevemente los puntos más importantes de cada lectura y posterior a ello, sus ideas complementarias que ayuden a entender claramente los argumentos de ambos textos.
Comenzando por el artículo de Jorge Domínguez, es preciso destacar los aportes tanto teóricos como prácticos que se encuentran en su artículo. El autor señala, en primera medida, que las relaciones entre los Estados Unidos y los países Latinos han sido caracterizadas por rasgos combinados de pragmatismo, dogmatismo e ideología que, según él, son el producto de varios desencuentros. De la misma manera, le confiere a las relaciones internacionales entre ambos sectores un carácter complejo, producto de varios hechos que moldean la política exterior de los Estados involucrados y que explican la permanente injerencia de los ya mencionados conceptos, que serán en últimas la fuente central de su argumentación.
El pragmatismo lo ubica como una ‘’política de Estado que identifica propósitos claros y metas bien definidas, que se construye con medios e instrumentos que buscan deliberadamente lograr esos objetivos, con la conciencia de que se persiguen beneficios verificables así como costos posibles en la búsqueda de esos beneficios.[2]’. A esta definición le añade la clara postura de un Estado de no aferrarse a circunstancias que eran válidas en tiempos pasados y que han perdido utilidad en el presente, lo cuál hace posible que el pragmatismo se preocupe por dinamizar las decisiones, adaptándolas adecuadamente a determinada situación que se pueda presentar y buscar siempre la solución mas congruente con la coyuntura que se esté viviendo. Es preciso tener en cuenta, como se verá mas adelante, que las posiciones rígidas o dogmáticas pueden resultar peligrosas y contraproducentes para algún fin específico al que se quiera llegar; lo que propende el pragmatismo es tener en cuenta el entorno en el cual se manejan las relaciones internacionales, determinando los beneficios que se pueden lograr al ser mas flexible y al evitar cerrar el campo decisorio.
Entre tanto, explicando la otra cara de la moneda, el autor hace referencia a quizás una postura que, a juicio de quien elabora el presente ensayo, puede llevar a un Estado a encaminar su política exterior hacia oscuros y sombríos destinos. Sin embargo, por perjudicial que sea una acción dogmática, es muy complicado prescindir de la misma, dado que su vocación de permanencia la ha mantenido como una fase previa, casi inamovible e inherente a cualquier decisión que se tome en el alto gobierno. Su presencia, aunque indeseable para muchos, se conserva como ingrediente de quienes tienen en sus manos la política exterior de un Estado.[3]
Para Jorge Domínguez, el dogmatismo ‘’se refiere a una idea, a un esquema mental desarrollado en algún momento que pudo, quizás (aunque no necesariamente), resultar entonces pertinente, pero que se desconecta de la realidad presente, impide el aprendizaje de nuevas ideas, la recopilación de nueva información y el cambio o la modificación de políticas oficiales y, por tanto, imposibilita en última instancia enfrentar una realidad novedosa.[4] Así pues, junto con esta definición que otorga el autor, es preciso referirse al dogmatismo no solamente como una cierta especie de vicio tradicional en donde recaen muchos Estados para demostrar carácter, sino que también su naturaleza conlleva a entrar en un particular ‘’anacronismo’’, una falta de evolución hacia las nuevas dinámicas en donde las relaciones exteriores se ven fuertemente afectadas y, que obligan sin excepción a todos los Estados a cerrar capítulos indeseables en su historia y a reconfigurar su pensamiento mediante novedosas maneras de enfrentar vicisitudes cada vez mas complejas.
Para terminar con la reconstrucción de argumentos del texto de Domínguez, no se debe olvidar la concepción del último término que el autor utilizó para estructurar sus argumentos. La ideología como último elemento analizado lo trae a colación definiéndolo, en primera instancia, como un concepto que no es sinónimo de dogmatismo. A partir de este punto sería oportuno discernir un poco o tal vez interpretar adecuadamente lo que el autor pretende explicar. A pesar de que los conceptos de ideología y de dogmatismo no sean sinónimos, éstos tampoco serían excluyentes, mas bien se podría decir que se les confiere atribuciones de complementariedad entre sí. Para esto, habría entonces que evocar nuevamente al texto y citar específicamente la definición de Domínguez: ‘’La ideología es una forma de acumular, catalogar, sopesar y valorar la información que recopilamos. Concebida de esa manera, metáforas sutiles para reflexionar sobre la ideología pueden ser espejuelos o anteojos para saber como percibir al mundo, o una balanza que nos permita calcular los datos que recibimos. La ideología así entendida constituye un instrumento útil, no enfrentado con el pragmatismo, para comprender el mundo en que vivimos, la importancia del pasado y su legado hasta el presente, y los valores que nos importan como seres humanos.’’[5]
Claramente se observa que el origen mismo de la ideología se fundamenta principalmente del pasado, cuestión que no es mala per. se, sino que le brinda sustento a costumbres arraigadas que suelen ser tan permanentes en algunos casos que su forma de fortalecerse es mediante ideas firmes de hacer algo bajo parámetros poco flexibles y muy dogmáticos.
Es así como la primera lectura reseñada ordena sus ideas y brinda una clara diferenciación entre tres términos que en las relaciones internacionales contemporáneas se han mantenido, y se verá más adelante como en ejemplos concretos de relaciones país a país se encuentran estos conceptos de manera clara. Ahora bien, la segunda lectura, aquella entrevista que Noam Chomsky le concediera al diario El Espectador nos permite entrar mas hacia una aplicación concreta de la teoría o de la terminología ya explicada. La utilidad de la entrevista obedece a que ciertas opiniones que el entrevistado ofrece sirven como complemento de lo relatado en líneas anteriores ya que plasman un caso concreto: la política exterior norteamericana y los hechos resaltantes dentro de Latinoamérica. Sumado a esto, se pueden dar otros ejemplos que posteriores al señalamiento de las opiniones de Chomsky, vendrían como aditamentos pertinentes para esclarecer más aún la temática planteada.
Chomsky, dentro de su entrevista enumera una serie de sucesos de gran difusión alrededor del mundo en donde precisa unos serios señalamientos hacia la política que su país está manejando desde que la administración Bush está en el poder. Sin duda, el caso más resaltante es el relacionado con Irak y la guerra librada en dicho país que ha posicionado al Primer Mandatario Estadounidense como uno de los peores Presidentes de la Historia de ese país. Chomsky, atreviéndose a afirmar lo que muchas otras personas aseveran, sigue recapitulando otros sucesos importantes dentro del esquema político interno de los Estados Unidos hasta llegar al tema que puede vincular sus declaraciones con lo reseñado en oportunidades anteriores. El profesor Latinoamericano al enfrentarse a la pregunta de cómo observa él la relación entre Estados Unidos y Latinoamérica, Chomsky responde basado en el descontento generalizado entre la población latina y su desaprobación tajante hacía la política exterior que la súper potencia está ejerciendo actualmente. Posterior a ello, hace una salvedad interesante. Para él, Colombia es una excepción a ese descontento generalizado dentro de la región y afirma que la integración Latinoamericana está produciendo cambios drásticos en la conducta de los dirigentes de cada país Latino y que la desbandada de los Estados ya no obedece a conductas adherentes al Hegemón[6], sino que por el contrario se están tomando otra serie de actitudes las cuales buscan emular modelos como la Unión Europea para hacerle frente al poder Estadounidense.
En este sentido, la posición Colombiana resulta distinta dada una serie de circunstancias de orden interno y sujeta también a una tradición que al parecer no ostenta rasgos que determinen un cambio drástico en el corto plazo. Dicha tradición se puede remontar a los años 20, en los cuales y pese al desafortunado suceso de la masacre de las bananeras, las relaciones entre ambos países no se vieron afectadas.[7] Esperando un aislamiento norteamericano hacia el mercado colombiano, lo que se obtuvo fue un resultado distinto, positivo si se quiere y que durante el transcurrir del tiempo ha preservado, paradójicamente, rasgos de dogmatismo y de pragmatismo a la vez. Dogmatismo en cuanto a que Colombia nunca ha abandonado sus vínculos ni comerciales ni políticos con los Estados Unidos. Tal parece que la agenda en política exterior fuera similar si no compartida: ‘’En ella aparecen actualmente las drogas ilícitas como el principal asunto para los dos países. También existen otros temas primordiales en la perspectiva de mediano y largo plazos-los derechos humanos, el comercio y la inversión, la seguridad, la corrupción, el desarrollo sostenible y el medio ambiente-que no son tan conocidos ni debatidos por la opinión pública. ’’[8]. Estas temáticas no son exclusivamente de la última década; las preocupaciones han provenido de tiempos anteriores en donde se habían comenzado a proponer planes que frenaran el desarrollo del narcotráfico, tema que se puso hace mucho tiempo en las más importantes posiciones de los discursos de los gobiernos de cada país. Entonces, podría definirse esto como dogmatismo en tanto que Colombia no ha buscado un aliado más pertinente en este tipo de temas sino Estados Unidos, un permanente amigo en la lucha anti-drogas, en temas de seguridad vinculada con el conflicto interno y el terrorismo, entre otros tópicos. Su permanencia marcada hacia la confianza depositada a Estados Unidos le confiere esta atribución de ser un país dogmático en este caso.
El pragmatismo se ve reflejado más que todo en la ayuda que puede representar el poder Norteamericano en temas vitales como la economía y la lucha contra el terrorismo. Es casi imperativo para Colombia que su política exterior no riñe con la estadounidense pues en términos de macro-económicos la balanza comercial colombiana y su equilibrio dependen de que tan dinámicas y sostenidas se encuentren las relaciones. Es necesaria también en temas de seguridad la intervención de los Estados Unidos dado que la capacidad de afrontar una problemática de tal envergadura, generadora de mayores conflictos y mayores peligros, puede ser contrarrestada mas eficazmente de manera conjunta entre Estados que ven como amenaza latente la incursión cada vez mas acelerada de los grupos al margen de la ley no sólo en esferas domésticas sino también en la escena internacional.
Existe un caso particular en donde se puede ver un resquebrajamiento nunca antes visto en la historia bilateral de estos dos Estados. Tras décadas de estrechas vinculaciones ideológicas, el Gobierno de Washington le perdió total confianza al gobierno colombiano. Los problemas crecientes y recurrentes de narcotráfico en esferas influyentes del gobierno colombiano en épocas del mandato del Ex-presidente Ernesto Samper Pizano, salpicado con el escándalo del proceso 8000, causaron el descontento de la casa blanca y abrieron una grieta sin precedentes en los fuertes lazos de ambos países.[9] ¿Posición dogmática de los Estados Unidos? Bien podría serlo. Su dura postura frente a la corrupción, las drogas como asunto neurálgico a nivel social dentro de la población norteamericana y la confianza perdida después de tanto apoyo permitieron que de manera recalcitrante los Estados Unidos optase por mantener una cierta distancia con respecto a sus pasadas relaciones amistosas con el gobierno de Bogotá.
Chomsky, coincidencialmente, le podría brindar la misma conclusión que le otorgó a su entrevista a este escrito. El profesor Norteamericano somete a discusión de si realmente la política exterior del hoy Presidente Colombiano Álvaro Uribe Vélez es independiente y dueña de autonomía decisoria. Las múltiples facetas que han representado este gobierno y la gran mayoría de quienes lo anteceden convergen, según Chomsky, en una clara atadura al poder hegemónico Estadounidense y dada su respuesta y sus argumentos a lo largo de la entrevista, da a entender que las circunstancias para Colombia van a causar una constancia en este tipo de comportamientos y tal vez impida que el país no exponga con mayor proporcionalidad sus temas en la agenda internacional de mas países, es decir, hacia campos de concertación de gran auge en la actualidad tales como la Unión Europea y Asía por citar algunos ejemplos, sino que se seguirá manejando la agenda a medida que ésta sea manejada por la Casa Blanca, la cual ha sido la gran constante y ha marcado la política exterior colombiana de casi medio siglo, superponiéndola a los dictámenes de la máxima potencia mundial.
Colombia ha sido un país que ha conservado posiciones ambivalentes en su política exterior. Por una parte no escatima esfuerzos para conservar su arraigada tradición de aliado incondicional de los Estados Unidos y de sus decisiones más fundamentales, también entiende que el correcto uso de esta influencia en su política exterior la puede conferir beneficios palpables en el corto, mediano y largo plazo. Teniendo a Estados Unidos de su lado, manteniéndolo al margen de intromisiones políticas dentro del interior del Estado, conservando así el principio de autodeterminación de los pueblos y trabajando en conjunto dentro de un mundo bombardeado por el libre comercio y las dinámicas globalizadoras, Colombia pragmáticamente se mantiene atenta a lo que mejor le brinde el permanente respaldo de los Estados Unidos en los temas mas compartidos y sobresalientes dentro de las agendas de ambos países.
BIBLIOGRAFÍA:
- Las relaciones contemporáneas Estados Unidos- América Latina. Entre la ideología y el pragmatismo. Jorge L. Domínguez. Foreign Affairs.
- Colombia y Estados Unidos: Problemas y perspectivas. Juan Gabriel Tokatlian (Recopilación)
- Colombia: Entre la Inserción y el aislamiento: La política Exterior colombiana en los años noventa. Siglo del Hombre, Editores.
- Entrevista a Noam Chomsky al Diario El Espectador. 28 de Marzo de 2008. http://www.elespectador.com/impreso/cuadernilloa/internacional/articuloimpreso-latinoamerica-esta-fuera-de-control.
[1] El autor del presente escrito le atribuye este tipo de calificativo al conglomerado de relaciones entre los Estados Unidos- Latinoamérica con el fin de sintetizar detalladamente su visión acerca del tema en cuestión. Al mismo tiempo pretende introducir lo que será su argumentación en base a ejemplos pertinentes que vinculan terminologías utilizadas por textos previamente analizados.
[2] Las relaciones contemporáneas Estados Unidos- América Latina. Entre la ideología y el pragmatismo. Jorge L. Domínguez.
[3] Esto puede evocar lo que el teórico clásico de las relaciones internacionales Hans Morgenthau sostiene como nivel de análisis en su teoría del Realismo político: El nivel idiosincrásico, el cual hace alusión a la toma de decisión exclusiva del Estadista. La última decisión puede afectarse dada las posiciones que ese Estadista pueda tener, las ideas que dentro de sí conserva y sus posiciones, porque no, dogmáticas.
[4] Las relaciones contemporáneas Estados Unidos- América Latina. Entre la ideología y el pragmatismo. Jorge L. Domínguez
[5] Las relaciones contemporáneas Estados Unidos- América Latina. Entre la ideología y el pragmatismo. Jorge L. Domínguez
[6] Es de conocimiento general, que la tendencia Latinoamericana está tomando un fuerte viraje hacia posiciones ‘’Respice Similia’’, concepto utilizado en teoría de las relaciones Internacionales para adjudicarle a uno o varios Estados su pretensión de adherirse a otros con igual o similar poder. Organizaciones como el MERCOSUR son ejemplo de ello: Se busca entonces, evitar una tradicional postura de ‘’Respice Polum’’ (seguir al Polo o al Hegemón) para crear mas independencia con respecto a los Estados Unidos. Dicha postura de Respice Polum le es atribuida al ex-Presidente Colombiano Marco Fidel Suarez cuando éste asumía responsabilidades dentro del Ministerio de relaciones exteriores..
[7] Durante los Años veinte, el capital estadounidense aumentó progresivamente su presencia en Colombia. Las inversiones de ese país que en 1913 oscilaban entre dos y cuatro millones de dólares, ascendieron a 30 millones en 1920, a 80 millones en 1926 y a 280 millones en 1929. La participación de las importaciones de Estados Unidos pasó del 27% en 1913 al 48% en 1926, mientras que la de las exportaciones colombianas a Estados Unidos subió del 44% al 86% en ese mismo periodo. Colombia y Estados Unidos: Problemas y perspectivas. Juan Gabriel Tokatlian (Recopilación) pág. 35.
[8] Colombia y Estados Unidos: Problemas y perspectivas. Juan Gabriel Tokatlian (Recopilación) pág. 35.
[9] Las acusaciones sobre la financiación de la campaña ‘’Samper Presidente’’ con dinero del narcotráfico causaron la pérdida total de credibilidad de Washington en Bogotá t narcotizaron la agenda bilateral por completo. Los altos niveles de ilegitimidad internacional de Samper eliminaron totalmente la posibilidad de un acercamiento bilateral Colombia-Estados Unidos para acceder al Nafta, e inclusive pusieron en peligro los beneficios arancelarios derivados del Andean Trade Preferente Act, Atpa, tras la descertificación del país el 1 de marzo de 1996. Tomado de ‘’Colombia: Entre la Inserción y el aislamiento: La política Exterior colombiana en los años noventa. Siglo del Hombre, Editores.
Es de amplio conocimiento que los vínculos económicos, diplomáticos, políticos e ideológicos han establecido una caracterización especialmente fuerte, interdependiente y por demás indispensable tanto para Estados Unidos como para los países latinos, lo cual les impide alejarse u omitir los temas que a ambos les competen. Es por esto, que el ambiente vinculante que a ambos sectores les corresponde no puede quedar al margen de una investigación efectiva, cuidadosa y cronológica de los momentos que enmarcan las relaciones entre todos los países representados.
El presente escrito busca mostrar los diferentes escenarios en donde se han ubicado las dinámicas mas dicientes de lo que se podría llamar ‘’una relación inobjetablemente duradera y necesaria[1]’’, la cual, como se verá a continuación, ilustra ciertos rasgos de pragmatismo y paralelamente expone figuras exclusivas de otro concepto que se puede referenciar: el dogmatismo. Para conceder una ilustración pertinente de estos términos se tomó como base los documentos de Jorge Domínguez: Entre la ideología y el pragmatismo y la entrevista que al diario colombiano El Espectador le concedió el Intelectual más crítico de la política exterior Estadounidense del último tiempo, Noam Chomsky. Los aportes de estos dos textos van a permitir entonces una aproximación teórica a casos concretos en donde, como veremos, confluyen temas de seguridad, de economía y en general, asuntos de orden político-ideológico.
A la luz de lo reseñado anteriormente, sería preciso comenzar por dilucidar brevemente los puntos más importantes de cada lectura y posterior a ello, sus ideas complementarias que ayuden a entender claramente los argumentos de ambos textos.
Comenzando por el artículo de Jorge Domínguez, es preciso destacar los aportes tanto teóricos como prácticos que se encuentran en su artículo. El autor señala, en primera medida, que las relaciones entre los Estados Unidos y los países Latinos han sido caracterizadas por rasgos combinados de pragmatismo, dogmatismo e ideología que, según él, son el producto de varios desencuentros. De la misma manera, le confiere a las relaciones internacionales entre ambos sectores un carácter complejo, producto de varios hechos que moldean la política exterior de los Estados involucrados y que explican la permanente injerencia de los ya mencionados conceptos, que serán en últimas la fuente central de su argumentación.
El pragmatismo lo ubica como una ‘’política de Estado que identifica propósitos claros y metas bien definidas, que se construye con medios e instrumentos que buscan deliberadamente lograr esos objetivos, con la conciencia de que se persiguen beneficios verificables así como costos posibles en la búsqueda de esos beneficios.[2]’. A esta definición le añade la clara postura de un Estado de no aferrarse a circunstancias que eran válidas en tiempos pasados y que han perdido utilidad en el presente, lo cuál hace posible que el pragmatismo se preocupe por dinamizar las decisiones, adaptándolas adecuadamente a determinada situación que se pueda presentar y buscar siempre la solución mas congruente con la coyuntura que se esté viviendo. Es preciso tener en cuenta, como se verá mas adelante, que las posiciones rígidas o dogmáticas pueden resultar peligrosas y contraproducentes para algún fin específico al que se quiera llegar; lo que propende el pragmatismo es tener en cuenta el entorno en el cual se manejan las relaciones internacionales, determinando los beneficios que se pueden lograr al ser mas flexible y al evitar cerrar el campo decisorio.
Entre tanto, explicando la otra cara de la moneda, el autor hace referencia a quizás una postura que, a juicio de quien elabora el presente ensayo, puede llevar a un Estado a encaminar su política exterior hacia oscuros y sombríos destinos. Sin embargo, por perjudicial que sea una acción dogmática, es muy complicado prescindir de la misma, dado que su vocación de permanencia la ha mantenido como una fase previa, casi inamovible e inherente a cualquier decisión que se tome en el alto gobierno. Su presencia, aunque indeseable para muchos, se conserva como ingrediente de quienes tienen en sus manos la política exterior de un Estado.[3]
Para Jorge Domínguez, el dogmatismo ‘’se refiere a una idea, a un esquema mental desarrollado en algún momento que pudo, quizás (aunque no necesariamente), resultar entonces pertinente, pero que se desconecta de la realidad presente, impide el aprendizaje de nuevas ideas, la recopilación de nueva información y el cambio o la modificación de políticas oficiales y, por tanto, imposibilita en última instancia enfrentar una realidad novedosa.[4] Así pues, junto con esta definición que otorga el autor, es preciso referirse al dogmatismo no solamente como una cierta especie de vicio tradicional en donde recaen muchos Estados para demostrar carácter, sino que también su naturaleza conlleva a entrar en un particular ‘’anacronismo’’, una falta de evolución hacia las nuevas dinámicas en donde las relaciones exteriores se ven fuertemente afectadas y, que obligan sin excepción a todos los Estados a cerrar capítulos indeseables en su historia y a reconfigurar su pensamiento mediante novedosas maneras de enfrentar vicisitudes cada vez mas complejas.
Para terminar con la reconstrucción de argumentos del texto de Domínguez, no se debe olvidar la concepción del último término que el autor utilizó para estructurar sus argumentos. La ideología como último elemento analizado lo trae a colación definiéndolo, en primera instancia, como un concepto que no es sinónimo de dogmatismo. A partir de este punto sería oportuno discernir un poco o tal vez interpretar adecuadamente lo que el autor pretende explicar. A pesar de que los conceptos de ideología y de dogmatismo no sean sinónimos, éstos tampoco serían excluyentes, mas bien se podría decir que se les confiere atribuciones de complementariedad entre sí. Para esto, habría entonces que evocar nuevamente al texto y citar específicamente la definición de Domínguez: ‘’La ideología es una forma de acumular, catalogar, sopesar y valorar la información que recopilamos. Concebida de esa manera, metáforas sutiles para reflexionar sobre la ideología pueden ser espejuelos o anteojos para saber como percibir al mundo, o una balanza que nos permita calcular los datos que recibimos. La ideología así entendida constituye un instrumento útil, no enfrentado con el pragmatismo, para comprender el mundo en que vivimos, la importancia del pasado y su legado hasta el presente, y los valores que nos importan como seres humanos.’’[5]
Claramente se observa que el origen mismo de la ideología se fundamenta principalmente del pasado, cuestión que no es mala per. se, sino que le brinda sustento a costumbres arraigadas que suelen ser tan permanentes en algunos casos que su forma de fortalecerse es mediante ideas firmes de hacer algo bajo parámetros poco flexibles y muy dogmáticos.
Es así como la primera lectura reseñada ordena sus ideas y brinda una clara diferenciación entre tres términos que en las relaciones internacionales contemporáneas se han mantenido, y se verá más adelante como en ejemplos concretos de relaciones país a país se encuentran estos conceptos de manera clara. Ahora bien, la segunda lectura, aquella entrevista que Noam Chomsky le concediera al diario El Espectador nos permite entrar mas hacia una aplicación concreta de la teoría o de la terminología ya explicada. La utilidad de la entrevista obedece a que ciertas opiniones que el entrevistado ofrece sirven como complemento de lo relatado en líneas anteriores ya que plasman un caso concreto: la política exterior norteamericana y los hechos resaltantes dentro de Latinoamérica. Sumado a esto, se pueden dar otros ejemplos que posteriores al señalamiento de las opiniones de Chomsky, vendrían como aditamentos pertinentes para esclarecer más aún la temática planteada.
Chomsky, dentro de su entrevista enumera una serie de sucesos de gran difusión alrededor del mundo en donde precisa unos serios señalamientos hacia la política que su país está manejando desde que la administración Bush está en el poder. Sin duda, el caso más resaltante es el relacionado con Irak y la guerra librada en dicho país que ha posicionado al Primer Mandatario Estadounidense como uno de los peores Presidentes de la Historia de ese país. Chomsky, atreviéndose a afirmar lo que muchas otras personas aseveran, sigue recapitulando otros sucesos importantes dentro del esquema político interno de los Estados Unidos hasta llegar al tema que puede vincular sus declaraciones con lo reseñado en oportunidades anteriores. El profesor Latinoamericano al enfrentarse a la pregunta de cómo observa él la relación entre Estados Unidos y Latinoamérica, Chomsky responde basado en el descontento generalizado entre la población latina y su desaprobación tajante hacía la política exterior que la súper potencia está ejerciendo actualmente. Posterior a ello, hace una salvedad interesante. Para él, Colombia es una excepción a ese descontento generalizado dentro de la región y afirma que la integración Latinoamericana está produciendo cambios drásticos en la conducta de los dirigentes de cada país Latino y que la desbandada de los Estados ya no obedece a conductas adherentes al Hegemón[6], sino que por el contrario se están tomando otra serie de actitudes las cuales buscan emular modelos como la Unión Europea para hacerle frente al poder Estadounidense.
En este sentido, la posición Colombiana resulta distinta dada una serie de circunstancias de orden interno y sujeta también a una tradición que al parecer no ostenta rasgos que determinen un cambio drástico en el corto plazo. Dicha tradición se puede remontar a los años 20, en los cuales y pese al desafortunado suceso de la masacre de las bananeras, las relaciones entre ambos países no se vieron afectadas.[7] Esperando un aislamiento norteamericano hacia el mercado colombiano, lo que se obtuvo fue un resultado distinto, positivo si se quiere y que durante el transcurrir del tiempo ha preservado, paradójicamente, rasgos de dogmatismo y de pragmatismo a la vez. Dogmatismo en cuanto a que Colombia nunca ha abandonado sus vínculos ni comerciales ni políticos con los Estados Unidos. Tal parece que la agenda en política exterior fuera similar si no compartida: ‘’En ella aparecen actualmente las drogas ilícitas como el principal asunto para los dos países. También existen otros temas primordiales en la perspectiva de mediano y largo plazos-los derechos humanos, el comercio y la inversión, la seguridad, la corrupción, el desarrollo sostenible y el medio ambiente-que no son tan conocidos ni debatidos por la opinión pública. ’’[8]. Estas temáticas no son exclusivamente de la última década; las preocupaciones han provenido de tiempos anteriores en donde se habían comenzado a proponer planes que frenaran el desarrollo del narcotráfico, tema que se puso hace mucho tiempo en las más importantes posiciones de los discursos de los gobiernos de cada país. Entonces, podría definirse esto como dogmatismo en tanto que Colombia no ha buscado un aliado más pertinente en este tipo de temas sino Estados Unidos, un permanente amigo en la lucha anti-drogas, en temas de seguridad vinculada con el conflicto interno y el terrorismo, entre otros tópicos. Su permanencia marcada hacia la confianza depositada a Estados Unidos le confiere esta atribución de ser un país dogmático en este caso.
El pragmatismo se ve reflejado más que todo en la ayuda que puede representar el poder Norteamericano en temas vitales como la economía y la lucha contra el terrorismo. Es casi imperativo para Colombia que su política exterior no riñe con la estadounidense pues en términos de macro-económicos la balanza comercial colombiana y su equilibrio dependen de que tan dinámicas y sostenidas se encuentren las relaciones. Es necesaria también en temas de seguridad la intervención de los Estados Unidos dado que la capacidad de afrontar una problemática de tal envergadura, generadora de mayores conflictos y mayores peligros, puede ser contrarrestada mas eficazmente de manera conjunta entre Estados que ven como amenaza latente la incursión cada vez mas acelerada de los grupos al margen de la ley no sólo en esferas domésticas sino también en la escena internacional.
Existe un caso particular en donde se puede ver un resquebrajamiento nunca antes visto en la historia bilateral de estos dos Estados. Tras décadas de estrechas vinculaciones ideológicas, el Gobierno de Washington le perdió total confianza al gobierno colombiano. Los problemas crecientes y recurrentes de narcotráfico en esferas influyentes del gobierno colombiano en épocas del mandato del Ex-presidente Ernesto Samper Pizano, salpicado con el escándalo del proceso 8000, causaron el descontento de la casa blanca y abrieron una grieta sin precedentes en los fuertes lazos de ambos países.[9] ¿Posición dogmática de los Estados Unidos? Bien podría serlo. Su dura postura frente a la corrupción, las drogas como asunto neurálgico a nivel social dentro de la población norteamericana y la confianza perdida después de tanto apoyo permitieron que de manera recalcitrante los Estados Unidos optase por mantener una cierta distancia con respecto a sus pasadas relaciones amistosas con el gobierno de Bogotá.
Chomsky, coincidencialmente, le podría brindar la misma conclusión que le otorgó a su entrevista a este escrito. El profesor Norteamericano somete a discusión de si realmente la política exterior del hoy Presidente Colombiano Álvaro Uribe Vélez es independiente y dueña de autonomía decisoria. Las múltiples facetas que han representado este gobierno y la gran mayoría de quienes lo anteceden convergen, según Chomsky, en una clara atadura al poder hegemónico Estadounidense y dada su respuesta y sus argumentos a lo largo de la entrevista, da a entender que las circunstancias para Colombia van a causar una constancia en este tipo de comportamientos y tal vez impida que el país no exponga con mayor proporcionalidad sus temas en la agenda internacional de mas países, es decir, hacia campos de concertación de gran auge en la actualidad tales como la Unión Europea y Asía por citar algunos ejemplos, sino que se seguirá manejando la agenda a medida que ésta sea manejada por la Casa Blanca, la cual ha sido la gran constante y ha marcado la política exterior colombiana de casi medio siglo, superponiéndola a los dictámenes de la máxima potencia mundial.
Colombia ha sido un país que ha conservado posiciones ambivalentes en su política exterior. Por una parte no escatima esfuerzos para conservar su arraigada tradición de aliado incondicional de los Estados Unidos y de sus decisiones más fundamentales, también entiende que el correcto uso de esta influencia en su política exterior la puede conferir beneficios palpables en el corto, mediano y largo plazo. Teniendo a Estados Unidos de su lado, manteniéndolo al margen de intromisiones políticas dentro del interior del Estado, conservando así el principio de autodeterminación de los pueblos y trabajando en conjunto dentro de un mundo bombardeado por el libre comercio y las dinámicas globalizadoras, Colombia pragmáticamente se mantiene atenta a lo que mejor le brinde el permanente respaldo de los Estados Unidos en los temas mas compartidos y sobresalientes dentro de las agendas de ambos países.
BIBLIOGRAFÍA:
- Las relaciones contemporáneas Estados Unidos- América Latina. Entre la ideología y el pragmatismo. Jorge L. Domínguez. Foreign Affairs.
- Colombia y Estados Unidos: Problemas y perspectivas. Juan Gabriel Tokatlian (Recopilación)
- Colombia: Entre la Inserción y el aislamiento: La política Exterior colombiana en los años noventa. Siglo del Hombre, Editores.
- Entrevista a Noam Chomsky al Diario El Espectador. 28 de Marzo de 2008. http://www.elespectador.com/impreso/cuadernilloa/internacional/articuloimpreso-latinoamerica-esta-fuera-de-control.
[1] El autor del presente escrito le atribuye este tipo de calificativo al conglomerado de relaciones entre los Estados Unidos- Latinoamérica con el fin de sintetizar detalladamente su visión acerca del tema en cuestión. Al mismo tiempo pretende introducir lo que será su argumentación en base a ejemplos pertinentes que vinculan terminologías utilizadas por textos previamente analizados.
[2] Las relaciones contemporáneas Estados Unidos- América Latina. Entre la ideología y el pragmatismo. Jorge L. Domínguez.
[3] Esto puede evocar lo que el teórico clásico de las relaciones internacionales Hans Morgenthau sostiene como nivel de análisis en su teoría del Realismo político: El nivel idiosincrásico, el cual hace alusión a la toma de decisión exclusiva del Estadista. La última decisión puede afectarse dada las posiciones que ese Estadista pueda tener, las ideas que dentro de sí conserva y sus posiciones, porque no, dogmáticas.
[4] Las relaciones contemporáneas Estados Unidos- América Latina. Entre la ideología y el pragmatismo. Jorge L. Domínguez
[5] Las relaciones contemporáneas Estados Unidos- América Latina. Entre la ideología y el pragmatismo. Jorge L. Domínguez
[6] Es de conocimiento general, que la tendencia Latinoamericana está tomando un fuerte viraje hacia posiciones ‘’Respice Similia’’, concepto utilizado en teoría de las relaciones Internacionales para adjudicarle a uno o varios Estados su pretensión de adherirse a otros con igual o similar poder. Organizaciones como el MERCOSUR son ejemplo de ello: Se busca entonces, evitar una tradicional postura de ‘’Respice Polum’’ (seguir al Polo o al Hegemón) para crear mas independencia con respecto a los Estados Unidos. Dicha postura de Respice Polum le es atribuida al ex-Presidente Colombiano Marco Fidel Suarez cuando éste asumía responsabilidades dentro del Ministerio de relaciones exteriores..
[7] Durante los Años veinte, el capital estadounidense aumentó progresivamente su presencia en Colombia. Las inversiones de ese país que en 1913 oscilaban entre dos y cuatro millones de dólares, ascendieron a 30 millones en 1920, a 80 millones en 1926 y a 280 millones en 1929. La participación de las importaciones de Estados Unidos pasó del 27% en 1913 al 48% en 1926, mientras que la de las exportaciones colombianas a Estados Unidos subió del 44% al 86% en ese mismo periodo. Colombia y Estados Unidos: Problemas y perspectivas. Juan Gabriel Tokatlian (Recopilación) pág. 35.
[8] Colombia y Estados Unidos: Problemas y perspectivas. Juan Gabriel Tokatlian (Recopilación) pág. 35.
[9] Las acusaciones sobre la financiación de la campaña ‘’Samper Presidente’’ con dinero del narcotráfico causaron la pérdida total de credibilidad de Washington en Bogotá t narcotizaron la agenda bilateral por completo. Los altos niveles de ilegitimidad internacional de Samper eliminaron totalmente la posibilidad de un acercamiento bilateral Colombia-Estados Unidos para acceder al Nafta, e inclusive pusieron en peligro los beneficios arancelarios derivados del Andean Trade Preferente Act, Atpa, tras la descertificación del país el 1 de marzo de 1996. Tomado de ‘’Colombia: Entre la Inserción y el aislamiento: La política Exterior colombiana en los años noventa. Siglo del Hombre, Editores.
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